La discusión sobre la idoneidad de que la prensa escrita reciba subvenciones del Estado viene ya de lejos. Las subvenciones por cientos de diversos motivos o las campañas de publicidad institucional están a la orden del día y son una carta muy jugada por prácticamente todos los gobiernos con el fin de mantener con la tripa llena a los editores del grupo mediático afín. Bueno, con la tripa llena y con el cerebro a salvo de extraños virajes ideológicos de esos que tanto se dan en los grupos editoriales cuando ven caer dinero de alguna parte, claro.
Hoy en Galicia nos despertamos con la desaparición de Galicia Hoxe, periódico del grupo El Correo Gallego y último diario de pago editado en gallego. Un periódico que, todo hay que decirlo, tenía una línea editorial bastante marcada -Fue el único de toda la Comunidad en publicar un Editorial en defensa del Estatuto de Nación- y que había comenzado a editarse hace unos 8 años sucediendo a O Correo Galego, que había comenzado en el año 94.
Como siempre, y más cuando tocan temas relativos a la identidad o lengua, las opiniones son diversas y de todos los sabores. Algunos lamentan la desaparición de un medio en gallego a pesar de su línea editorial, otros lo celebran, otros simplemente rezuman odio ante todo lo que no esté acreditando con los carnets de gallegismo que ellos mismos expiden… Lo que ya viene siendo habitual en los últimos años.
Sin embargo, y tras leer mediante las redes sociales y hacer un pequeño estudio entre conocidos, una idea que ha calado entre gente de distintas opiniones -principalmente el nacionalismo gallego y otros sectores de izquierda- es que el fin de Galicia Hoxe viene propiciado por la falta de apoyo económico de la Xunta. Y eso es algo que, sinceramente, me preocupa.
Si bien es cierto que el Gobierno gallego actual agasaja con subvenciones a otros medios como La Voz de Galicia o el Faro de Vigo, el grupo El Correo Gallego, editor de Galicia Hoxe, disfrutó de ese mismo dinero en el periodo 2005-2009, con el gobierno bipartito del PSOE y BNG, cuando la Voz de Galicia sufrió la misma travesía en el desierto al ver reducidas sustancialmente las ayudas públicas que recibía en la época Fraga. Las subvenciones de este carácter, dedicadas exclusivamente a mantener a flote cabeceras que de otra forma se hundirían sin remedio, es algo que en pleno siglo XXI y con el auge de los modelos alternativos de comunicación como Internet deberían desaparecer para no volver jamás. Es igual de inaceptable dar dinero a La Voz que al grupo El Correo Gallego, porque ambas son empresas privadas con ánimo de lucro que lo único que buscan son beneficios.
¿Que la falta de dinero por parte de la Xunta ha influído? Pues claro. Pero es que estamos hablando de una cabecera que no está auditada por la OJD y de la cual es imposible conocer el número de ejemplares en la tirada o en la difusión. He sido incapaz, en toda la Red, de encontrar los datos de ventas del diario, lo que nos puede ya dar una idea de cuáles podían ser los números de la cabecera en los kioskos. Según afirma Galicia Confidencial, la empresa anunció a los asalariados que las ventas no llegaban a los 300 ejemplares diarios. Un periódico sin prácticamente compradores, inviable económicamente sin la ayuda de las arcas públicas de Galicia, y que algunos quieren mantener vivo a base del boca a boca de la subvención una vez que la sociedad, los consumidores, le han dado la espalda.
A fin de cuentas, nos encontramos en la misma encrucijada de siempre. Mantener un diario de una empresa privada sin auditar y que presumiblemente muy poca gente lee con dinero público o dejar que el Frankestein se muera. Y, sinceramente, creo que a las empresas privadas no les debe llegar ningún euro de ayuda pública, que basta ya de la socialización de las pérdidas de una empresa privada inviable. Y en este camino debe ahondarse, retirando al resto de medios de comunicación gallegos el dinero público del que disfrutan. Si no son viables, que se reestructuren. Muchos medios de otros países han aprovechado la actual crisis para renovarse y, en gran medida, enfocarse principalmente al ámbito de la Red. Sin tanto dramatismo ni tantas lágrimas, y sin que haya salido el típico partido político a politizarlo todo como siempre hacen.
Y, por supuesto, sin pedir subvenciones.

