Dicen que la vida se basa en las casualidades. Cualquier pequeño detalle puede cambiar una vida entera. Y en el periodismo, la casualidad de un pequeño detalle puede dar lugar a una gran información, en forma de investigación. Esto es lo que le pasó a Melchor Miralles (Madrid, 17 de octubre de 1958), que gracias a esto pudo llevar a cabo una de las grandes investigaciones de la historia de España: los GAL, o la guerra sucia contra ETA que llevó a cabo el gobierno de Felipe González. Miralles, que publicó sus investigaciones en el diario que fundó junto a Pedro J. Ramírez, EL MUNDO, actualmente tiene una vida completamente distinta: ya no está en su periódico ni en el grupo al que pertenece este, Unidad Editorial, y está de “autónomo”. Y sin parar de indagar en todo tema que le parezca interesante.
Pregunta. ¿Está investigando actualmente?
Respuesta. Sí, estoy concretamente con dos temas, pero no es a lo único a lo que me dedico. Ahora que no trabajo para una empresa y estoy por mi cuenta, necesito hacer otro tipo de cosas, como ir a tertulias, lo que me hace estar al día. Si me pudiese centrar sólo en la investigación avanzaría más, pero ahora mismo es imposible.
P. ¿Cómo compagina ambas facetas?
R. La gente no sabe cómo investigamos los periodistas. Algunos llegan a creer que es como en las películas, pero obviamente no tenemos medios disparatados. Todo se basa en tener un equipo, con el que vas avanzando, y así comienzan a cuajar las investigaciones. Pero es complicado ahora que estoy sólo. Los medios de los que dispones también influyen, porque si tienes un tema trascendente tienes que empezar a gastar dinero. Yo eso lo hago, pero como ahora la investigación no me da de comer, tengo que seguir trabajando como sea.
P. ¿Cómo se comienza una investigación?
R. Es muy difícil establecer un ABC de la investigación. Las grandes historias se suelen conseguir por casualidad, a través de un solo dato, que puede llegar de cualquier sitio. Pero sobre todo suele ser gracias a las fuentes, que se consiguen con la experiencia. A las fuentes las cuidas, las llamas de vez en cuando, y esa gente que tiene confianza en ti, te puede decir que usar y lo usas, o que no usar y no lo usas… y así, cuando tienen algo que te puede interesar, te lo cuentan. Otras veces te encuentras las historias donde menos te las esperas.
P. Una vez que se consigue el dato, ¿cuál es la maquinaria que se pone en marcha?
Lo primero es tener acreditación documental o testimonial de ese dato que te ha llegado. A veces pasa que sabes algo y no puedes contarlo porque no puedes demostrarlo. Luego, con tus fuentes, tener la capacidad para contrastar y disponer de la documentación, para así corroborar la veracidad. En los temas más importantes, como terrorismo o delincuencia organizada, eso lleva mucho tiempo. Has de moverte en fuentes que van de los políticos a los policías, los propios delincuentes… la clave está en la capacidad para acceder a la fuente.
P. ¿Cómo comenzó usted en el periodismo?
R. Empecé en Diario 16, con 19 años. Entré de colaborador, y hacía de todo: barría la redacción físicamente, repartía teletipos… Pero yo estaba empeñado en meter la cabeza ahí como fuese. Al tiempo empecé a escribir, también haciendo de todo, ya fuese corrigiendo teletipos, o haciendo partidos de fútbol. Y cuando dejé de ser colaborador empecé a escribir de sucesos, que creo que es la mejor escuela para un neófito del periodismo. Ahí empecé tímidamente, con mi poca capacidad de aquel entonces. Enseguida me incorporé a Nacional, y comencé a escribir sobre terrorismo, con temas relacionados con ETA, los GRAPO. A partir de entonces ya investigué, con medios limitados, lo de la guerra sucia contra ETA. Puede decirse que mi primera gran investigación fue el GAL, aunque creo que todavía no ha terminado. Aún sigo la pista de historias relacionadas con el GAL.
P. Dice que las investigaciones pueden empezar por una casualidad. ¿Cómo fue la del GAL?
R. Recuerdo el día exacto: 17 de octubre de 1983, justo en mi cumpleaños. Ese día se produjo la desaparición de Lasa y Zabala (miembros de ETA). Me llama Pedro J. (Ramírez, director de EL MUNDO), y me envió a San Juan de Luz, en Francia, que es dónde se supone que comenzó todo. Ahí empecé a investigar la desaparición de ellos dos, que coincidió en el tiempo con el secuestro de Segundo Marey (ciudadano hispano-francés, que fue confundido con un cabecilla etarra). Con esto ya había indicios de que podía ser un caso de guerra sucia. Y, a la vez, aparecen por primera vez las siglas GAL, con el secuestro de Marey.
P. Pero desde ahí hasta lo que todos sabemos pasan años incluso. ¿Cuál fue el proceso para conseguir las informaciones?
R. La historia de los GAL se llega a saber gracias a muchas torpezas, causadas por la prepotencia de las personas a las que el gobierno de González encargó hacer esto, ya que pensaban que no les iban a pillar. Yo a veces no daba crédito según me iba encontrando cosas.
P. ¿Qué tipo de torpezas?
R. Los ejemplos más claros son cuando José Amedo (Director General de la Policía en aquella época) va a Portugal a contratar mercenarios. Se identificó ante ellos como un policía que se llamaba Ricardo, y se aloja en el Ritz con un DNI con nombre Genaro Gallego Galindo, casualmente los dos apellidos empiezan por GAL. Pero resulta que pagó el hotel con una tarjeta VISA a nombre de la Dirección General de Policía. Cuando salieron las primeras pistas de lo de Portugal, meses después, fui al Ritz de Lisboa, y le conté una historia al conserje, de que estaba buscando a unos famosos españoles que se habían alojado ahí. Le di una propina, y me enseñó todo, y no daba crédito: hasta me dio fotocopia del DNI falso de Amedo con su cara, y comprobé que pagó con una VISA de la policía. La otra más grave fue cuando Amedo les hizo un DNI falso a los mercenarios. Uno de ellos, Paulo Fontes, me contó le dan el DNI, con su foto y una huella dactilar. Él dice que no es la suya, y Amedo le responde que de eso se ha encargado él. Resultaba que Amedo puso su huella en los DNI de los mercenarios. Esto se publicó y se incorporó al sumario.
P. ¿Cuándo se dio cuenta de la magnitud de todos los hechos?
R. Desde el primer momento. De lo que no tenía ni idea era hasta dónde íbamos a llegar. En la investigación hay varias cualidades obligadas, como tener la cabeza fría, no ser impaciente, y la tenacidad. El periodismo de investigación es tocar cien veces a una puerta, que te la cierren las cien, y tocar la ciento una. Y nosotros fuimos muy tenaces. Siempre pensé que íbamos a conseguir muchas cosas, y desde que comencé a conseguir información tenía claro que los GAL eran una organización financiada y creada por el gobierno de González. Sabía que aquello iba a ser duro, doloroso… pero estaba dispuesto a llegar donde hiciese falta.
P. ¿Tuvo miedo en algún momento a causa de las investigaciones?
R. Muchísimas veces. He estado con escolta policial doce años a causa de ETA, que me ha intentado matar dos veces. Lo intentaron en el garaje de mi casa, y me libré porque no vine. Y la otra cuando rodábamos en Sevilla ‘Padre Coraje’. El Comando Andalucía tenía una lista, y tras Jiménez Becerril (político sevillano, asesinado junto a su esposa por ETA), el siguiente era yo. También, a mí y a un grupo de periodistas nos dieron una paliza un grupo de etarras en Francia, y estuvimos un rato con una pistola en la cabeza mientras pegaban a otro. Además, he estado dos días y medio en una cárcel tras una operación orquestada por Rafael Vera para que nos metiesen en la cárcel a cuatro periodistas que investigábamos sobre ETA… No tiene mérito especial, pero esto tiene un riesgo. He escrito reportajes sobre narcotráfico, trata de blancas, en los que me exponía a enfrentarme con organizaciones tremendas, y que te pueden pasar factura años después. Aun así, nunca he dejado de hacer nada por miedo, ni pienso hacerlo.
P. ¿Qué consecuencias esperaba que trajesen todas estas revelaciones?
R. He publicado muchas cosas, y pensaba al publicarlas que no era posible que no ocurriese algo. Pero es que no pasaba nada. A raíz de esto me hicieron varias entrevistas, y en una que me hicieron en Inglaterra me dijeron que si lo que conté era cierto, el gobierno no debería durar ni un minuto. Les llamaba mucho la atención que yo dijese tan claro que los GAL eran un grupo terrorista organizado y financiado por el gobierno que presidía el gobierno español de Felipe González. Yo les respondí que en España no iba a suceder nada, porque González controlaba todos los poderes del estado, con gran fortaleza. Esa era, y es, la realidad.
P. ¿Cuál es su relación con Felipe González?
R. Le he visto en varias ocasiones y hemos hablado, pero de los GAL nunca quiere hablar. Nos saludamos normalmente, pero sé que no soy de su simpatía, y que él también sabe lo que yo pienso de él. González me ha hecho feos públicamente, por ejemplo en una rueda de prensa en Moncloa, donde tuvimos una enganchada y en la que, dialécticamente, me maltrató.
P. ¿Y con Amedo?
R. Con Amedo me llevo genial. Durante muchos años no quiso saber de mí, pero ahora somos amigos. Él ha entendido que yo soy periodista, y que sólo hacía mi trabajo y no era nada personal, sólo que le había pillado. Cuando decidió dar su versión, habló primero conmigo antes de declarar ante el juez Garzón.
P. ¿Ha experimentado el reconocimiento público por las investigaciones?
R. Lo he sentido. He recibido premios, como el del Club Internacional de Prensa, al que no hay que presentarse, sino que te elige un jurado. El reconocimiento social me hace mucha ilusión.
P. Aparte de los GAL, ¿cuáles son las investigaciones de las que está más orgulloso?
R. Especialmente, un reportaje que emitió Antena 3 sobre tráfico de armas. Pillamos a una organización internacional que operaba en la antigua Yugoslavia, especialmente en Serbia y Bosnia, que estaba formada por delincuentes reclamados por la ONU por crímenes de guerra. Interpol no daba con ellos, y resulta que nosotros los encontramos. Fue nuestra investigación más complicada. Y quizá otra fue un reportaje que hicimos en Santo Domingo sobre trata de blancas, en el que desmantelamos una red completa. También fue complicadísima.
P. He leído que, a causa de lo que ha visto con las investigaciones, se ha sentido decepcionado con la condición humana. ¿Sigue pensándolo?
R. Sí, pero eso es la vida misma. Yo me he encontrado gente perversa, sobre todo entre gente que tiene una apariencia social respetable, los que tienen poder. He tenido delante a asesinos en serie, violadores… Pero siempre he sentido lo peor con los poderosos.
P. ¿Cómo ve la investigación actualmente?
R. Es un momento complicado, por la actual evolución del periodismo. Escasean los medios que doten a sus periodistas de herramientas para el periodismo de investigación. Hacerlo bien es costoso, porque necesitas un equipo cualificado, que tenga los recursos necesarios… y eso cuesta dinero. Las empresas están en un momento complicado, y la investigación les genera problemas.
P. ¿Qué tipo de problemas?
R. La investigación es denunciar algo, contar las cosas que alguien poderoso está empeñado en que no se sepan, sea del ámbito que sea. Te enfrentas con gente poderosa que puede influir en los medios, y muchos no se complican la vida. Las empresas consideran que su supervivencia consiste en ser obedientes. Para mí, sobrevivir es tener la capacidad necesaria para poder afrontar estas situaciones. Hay que tener el coraje de entender que la obligación de los periodistas es contar las historias que conocen, aunque estas incomoden a los que están en el poder.
P. ¿Los periodistas jóvenes en la actualidad son más cobardes que los de otras generaciones?
R. Eso es lo que se dice, pero es una generalización, probablemente, injusta. He tenido en mis equipos a chavales que estoy seguro que van a ser grandes periodistas. Pero es verdad que las generaciones jóvenes se perciben como más acomodaticias. De hecho, en entrevistas para prácticas que he hecho, lo primero que me preguntaban muchos era que horario iban a tener. A mí me asombra eso. Hay profesiones vocacionales, y uno es periodista las 24 horas del día, igual que se es médico o policía. Si un periodista cuando comienza no piensa en comerse el mundo y en que quiere trabajar todo el día… Es como el chiste de aquel que no coge el teléfono porque “vaya a ser que sea una noticia”. Yo abogo por lo contrario, por más noticias.

Es todo un placer leer a este hombre, coherente, bien hablado, respetuoso, franco y que no se anda apenas con medias tintas.
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