Es la noticia del día, de la semana, del mes y del año: Michelle Obama y una de sus hijas visitan la Costa del Sol y tanto las personalidades políticas como los ciudadanos de a pie están, y perdón por la poca finura de la expresión, que no cagan con el nuevo acontecimiento planetario (este no anunciado por Pajín) que azota nuestro país.
Si echamos un vistazo a lo que está sucediendo, en primer plano tenemos a la gente “normal”: Esos padres de familia que con un poco de suerte están de vacaciones, esas amas de casa y esos churrumbeles con las rodillas arañadas de rigor que parecen haber recibido órdenes extraterrestres de rodear a la primera dama estadounidense dondequiera que vaya. Y no es sólo que haya gente apostada permanentemente a la entrada del hotel donde se aloja, sino que directamente la persiguen en sus paseos gritando ¡Bienvenida Mishé!, la acosan en sus visitas y la rodean (aunque eso sí, en esta ocasión con 45 metros de distancia por el cerco de seguridad) en la playa.
En segundo lugar tenemos a los medios de comunicación, esos medios supuestamente serios y con rigor que deciden llenar hueco contándonos lo que bebe Michele en la cena o detallándonos que a ella le gusta el helado “tres chocolates” y a su hija le va más el “melón y frambuesas”, como si sabiendo sus gustos culinarios los 5 millones de parados fueran a dormir mejor por la noche.
En el último puesto tenemos a la casta política, con Pepe Blanco enarbolando la bandera de los absurdos con sus declaraciones en las que destaca que “Los Obama en Marbella prueban que España tiene un papel en el mundo”. Pues vaya basura de papel en el mundo, señor Ministro de Fomento, si lo que nos corresponde es ser el chiringuito de sol y playa de los estadounidenses. Casi que prefiero tener un papel más parecido al alemán y ser punteros en ingeniería aunque con ello tuviese que sacrificar a los Obama (me refiero a sus visitas, claro).
Como si semejante perla no fuese suficiente, mezcla tocino con merinas (porque confundir churras con merinas o mezclar tocino con velocidad no es lo suficientemente fuerte como para describir la situación) y aprovecha para atacar a Rajoy, quien, según dice, ha renunciado a reivindicar España (aunque de sus pactos con los nacionalistas/secesionistas no dice nada) y tira flores al PSOE por, según él, la presencia permanente de España en el G-20, donde tenemos que acudir, si queremos estar, montados en la Sarkosilla. Concluye su dantesca intervención superándose a si mismo en una espiral de absurdeces y sinsentidos que sería más típica de Lina Morgan que de un político de su posición:
Que familia Obama haya escogido España es un motivo de orgullo para España, desde luego, es positivo para España y refleja también que España tiene un papel en el mundo que es reconocido en muchos ámbitos, también en el ámbito de ejecución, planificación, realización y diseño de la obra pública.
Porque todos sabemos que la visita de los Obama tiene mucho que ver con la construcción de las líneas de alta velocidad AVE (muchas de ellas paralizadas) o que en este evento ha tenido una importancia decisoria la construcción de la Autovía del Cantábrico (con tramos también paralizados).
Poco sentido común en el estamento político si exceptuamos a Rosa Díez o a Juan Luis Rascón, diputado del PSOE por Córdoba.
Vamos, que poco hemos avanzado desde 1953, año de la película “Bienvenido Mr. Marshall“: La manada española política, comunicativa y de a pie sigue padeciendo el borreguismo de antaño con un comportamiento que parece sacado de algún documental sobre la España profunda.
En países como Islandia no es ningún acontecimiento especial estar en alguna cafetería y que se siente a tu lado el presidente (presidenta actualmente): Lo ven algo normal y no le dan mayor importancia. Aquí se armaría un cristo tan grande que aparecería en todas las noticias con el titular Zapatero disfruta de un frapuccino en el Starbucks de Callao, y las imágenes serían repetidas una y otra vez en todos los telediarios hasta la desesperación.
Porque, al fin y al cabo, es lo que somos: Un país compuesto mayoritariamente por paletos. Paletos que quieren aparentar ser modernos, paletos confesos o paletos a los que el mundo se la trae floja, pero paletos al fin y al cabo. Normal que el Modelo de las Cinco Dimensiones de Hofstede nos sitúe tan lejos de países avanzados como los del norte de Europa: Anda que no nos falta una gran evolución en la sociedad para poder ser como ellos.



¡Ahí viene Michelle Obama! http://goo.gl/Z2AN
Decir AMÉN sería quedarse corto. No puedo estar más absolutísimamente de acuerdisísimo contigo. Hace ya tiempo que todo este revuelo me viene apestando tanto a “Bienvenido Mr. Marshall” que tira para atrás. Y ya ver lo de la playa me pareció… COMPLETAMENTE INCREÍBLE.
Me avergüenzo de la imagen que estamos dando. ME AVERGÜENZO.
Americanooooos, lerelelelerelele Mr Marsahl